miércoles, 21 de marzo de 2012

Repasa al muerto

Estoy en una fiesta en casa del vecino. Sé que es mi vecino porque lo intuyo, no hay ninguna señal. En los sueños ocurren estas cosas, encuentras información plantificada en tu cerebro. Todo el mundo va vestido con sus mejores galas, como si esto fuera el Kodak Theatre, pero yo voy vestido normal, a diferencia del día que soñé con el olifante, nadie me mira. La situación es un poco ridícula, otra de las verdades que descubro es que esta gente se toma en serio la fiesta, son como nuevos ricos, un piso de un puñao de metros cuadrados lleno de apariencias de loft neoyorquino. Esta gente se cree lo más “cool” porque lo vio en Barna, lo vio en Barna pero son de Albacete, no nos confundamos.

En medio de la fiesta muere alguien, es un claro caso de asesinato, de hecho alguien ha pintado la silueta del cadáver con tiza. El tipo todavía está caliente y ya tenemos al de la tiza, inquietante. Todavía más inquietante es que todos acudan a mí para resolver el misterio.
Yo, que estoy de pie a lado de una tipa, me arranco a hablar como si fuera Kojak:
-Let it be, Ana. Let it be -digo.

Olé mis huevos, ¿queréis caldo, albaceteños? Pues ale, dos tazas. Un tipo muerto, el de la tiza, la chica que me mira como todos los de la fiesta esperando la solución al misterio y yo me acuerdo de los Beatles mientras voy en chándal. Pues eso Ana, que lo dejes estar. Si ha muerto, algo haría, o no. Tú sabrás.

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Posible interpretación:
No me gusta que me digan lo que tengo que hacer y no me gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer. Los Beatles son un gran grupo, y yo creo que en realidad ésta es la señal de que mi sueño frustrado siempre fue ser…

martes, 6 de marzo de 2012

Traumas de la señorita Pepis

Ahí va un sueño reciente, de hace 15 días:

Estoy en mi casa, en una de las legendarias sobremesas de nuestras comidas familiares. No sé por qué, se organiza una subasta de mis mejores prendas (?). Mi primo (del que no desvelaré su identidad) se pone a pujar como un loco por una blusa de organza con mucho vuelo, de colores rastafaris y manga abullonada. Yo pujo con él (¿por qué? Si la blusa ya era mía...). La montaña de monedas crece encima de la mesa hasta que a mí se me acaba el cambio, así que le dejo que gane. Se va todo contento a probarse su blusa nueva, y cuando vuelve con ella puesta dice que no le convence, que se la tendría que haber probado antes de pujar (no me extraña, si se pusiera el frutero en la cabeza parecería Carmen Miranda).


En ésas estábamos cuando de repente mi madre le dice a mi hermano: "¡Oye! Si necesitas maquillaje, yo te presto algo", y empieza a sacar polvitos y pintalabios de todos los colores, entre ellos uno lila y uno rojo sangre que ninguno de los presentes dudamos en probar y comentar. NINGUNO. Hasta mis tíos barbudos.


jueves, 1 de marzo de 2012

El oso-alfombra

Comenzó como muchos otros sueños, o más bien pesadillas, en los que uno se ve obligado a huir sin saber siquiera de qué o de quién. Yo corría, y sabía que detrás de mí venían varias personas dispuestas a lincharme, pero no llegaba a ver a las personas en cuestión. Simplemente sabía que estaban allí.

Edi. regalounico.blogspot.com
Para refugiarme o ganar distancia, atravesaba un edificio de planta baja pero con muchas habitaciones, todas vacías, que yo recorría sin detenerme ni un instante. Llegaba entonces a la última de ellas y me quedaba paralizado en la puerta al ver tendido en el suelo a un enorme oso polar. Pero me tranquilicé cuando éste me dijo: “no te preocupes, puedes pasar. Sólo soy una alfombra”. Y por supuesto, me tranquilicé. Intenté saltar por la ventana pero no era capaz, pese a que ambos lados de la ventana eran bajos. El oso entonces se levantó y me ofreció su ayuda. Logré saltar por la ventana y el oso-alfombra me dijo: “¿puedo ir contigo? Debería de seguir siendo alfombra, pero me aburro. Además yo puedo ayudarte”. Por supuesto le dije que sí, que viniese conmigo. Y así, subido a su lomo, huí definitivamente de aquellos que me perseguían.

Cuando estuvimos a salvo le propuse a mi nuevo amigo (que se llamaba Edi) ir a tomar unas cervezas a un bar, y aceptó. Pero en el bar lo pasaba muy mal por que su enorme trasero no cabía en las sillas y tenía que estar siempre de pie. Después de un rato le dije que me tenía que marchar, y él se entristeció, pero nos citamos para vernos en otro momento.

Al despedirme le dije: “en cuanto me despierte escribiré esta historia y seguro que me hago famoso. Será un cuento para niños que incluye un oso polar, y eso seguro que gusta”, a lo que él me respondió: “se te han adelantado. Alguien escribió ya La Brújula Dorada donde sale un oso polar”.


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Posible interpretación:
Creo que necesitaba en aquellos momentos de mi vida sentirme protegido. O tomar una cerveza, no lo sé.